El Blog de Mariela Castro

“No estamos dispuestas a que se nos condene por herejes y por brujas”

8va. sesión del Grupo de Trabajo de Composición Abierta (de la Asamblea General de Naciones Unidas)

Señor co-presidente,

Mi delegación endosa plenamente la intervención formulada por el representante del estado Plurinacional de  Bolivia en nombre del grupo de los 77 más China.

La promoción de la igualdad, incluida la equidad social, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres son temas pendientes de la agenda internacional que apremian.

No podremos hablar de desarrollo sostenible cuando más de mil millones de personas viven en la extrema pobreza, a la vez que se mantiene y crece la desigual distribución del ingreso. No lo habrá si perdura la desigualdad en las relaciones económicas internacionales. No se alcanzará sin una real voluntad política encaminada a eliminar las profundas brechas entre países pobres y ricos, si no se eliminan las  existentes al interior de cada país, si no existe una acción concertada para erradicar la pobreza, que afecta esencialmente a las mujeres, las niñas y los niños, a las personas jóvenes y otros grupos vulnerables. No habrá desarrollo si no se garantiza el derecho al desarrollo de la mayoría de los estados miembros de las Naciones Unidas.

La eliminación de la desigualdad en los ámbitos nacionales e internacionales, debe convertirse en un objetivo de desarrollo sostenible.  Sus metas específicas y medios de implementación deben ser  parte esencial de las recomendaciones concretas de este grupo.

Como bien se ha señalado en las presentaciones de los panelistas que agradecemos profundamente, la promoción de la equidad social y de la igualdad de la mujer pasan, en primer lugar,  por su reconocimiento como derechos humanos fundamentales. El derecho, sin exclusión alguna,  a la vida, a los servicios de salud y educación gratuitos, insisto, gratuitos y de calidad, es una condición inapelable e imprescindible para el desarrollo. De no ser así, no se trataría de un derecho.

Los hechos hablan por sí solos: Mueren, cada día, 800 mujeres por complicaciones prevenibles durante el embarazo y el parto; se reportan 80 millones de embarazos no deseados, 30 millones de nacimientos no planificados y 20 millones de abortos inseguros, principalmente en países en desarrollo, donde también una de cada tres niñas menores de 18 años contrae matrimonio sin consentimiento propio. Cada año, 16 millones de niñas y adolescentes dan a luz en países de ingresos bajos y medios, donde la mortalidad materna es la principal causa de defunción de este grupo etáreo, mientras que en otros, el feminicidio constituye una de las primeras causas de muerte de las mujeres.

Para cambiar la dramática situación actual debemos promover una nueva agenda de desarrollo que incluya:

a) Salud y derechos sexuales y reproductivos.

b) Derechos y empoderamiento de las mujeres y las niñas, así como la igualdad de género, incluida la eliminación de la violencia contra ellas.

c) Derechos y empoderamiento de los adolescentes y jóvenes, incluido el acceso a la educación integral de la sexualidad y a los servicios relacionados.

d) Medios programáticos y financieros  que aceleren la implementación de la agenda inconclusa del Programa de Acción de El Cairo. Por tanto, cuando en este marco emerge la pregunta sobre qué estrategia debemos seguir, me permito recordar que contamos con ese programa. Sus temas pendientes deben ser metas a cumplir con indicadores específicos.

Señor co-presidente, la educación integral de la sexualidad  constituye un recurso para la emancipación plena del ser humano, que contribuye a su formación como sujeto de derecho, sobre la base de la desmitificación de los juicios y prejuicios dominadores que persisten en todas las sociedades, y  debe, por tanto, ser inclusiva.

Es inadmisible que en pleno siglo XXI, los derechos de las mujeres sigan siendo ultrajados y que después de tantos discursos, convenciones y consensos internacionales,  en la mayoría de los países las mujeres perciban  un salario inferior al de los hombres por igual trabajo; y que se vean obligadas a elegir entre la muerte y la cárcel cuando necesitan  interrumpir un embarazo no deseado. Esta situación expresa el permanente dominio patriarcal que desconoce y violenta nuestra capacidad y derecho humano fundamental a decidir sobre nuestras vidas.

Las mujeres no estamos dispuestas a que se nos siga condenando a la hoguera por herejes y por brujas,  utilizando eufemismos del lenguaje contemporáneo expresados en leyes y políticas que conculcan nuestros derechos y obstaculizan los procesos de transformación social.

Para cambiar la condición de la mujer hay que cambiar la condición del hombre porque el género es una categoría relacional. Mujeres y hombres deben beneficiarse de acciones educativas  que desarticulen los mecanismos de dominación resistentes al cambio.

No podemos avanzar desde iniciativas aisladas de personas, instituciones o países. Tampoco podemos hablar de la responsabilidad de la familia en abstracto, si esta sigue siendo reproductora de los mismos modelos de dominación  patriarcal.

Si no hay una política que instituya  nuevos valores para el cambio en las relaciones de poder intergenéricas e intergeneracionales dentro de la familia,  no estamos haciendo ninguna contribución a los derechos humanos de las mujeres, las niñas y las personas jóvenes.

Si honestamente pretendemos que la agenda de desarrollo post 2015 aporte soluciones a los problemas de equidad social, igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, desde una óptica de derechos humanos indivisibles e interrelacionados, los estados miembros tendremos que expresar voluntad política en acciones concretas de cambio al interior de nuestros países y a escala universal.

Muchas gracias.

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