El Blog de Mariela Castro

A propósito del Barrio Rojo

(Carta de la Directora, Revista Sexología y Sociedad No. 47, diciembre 2011)

Mi reciente visita al Barrio Rojo de Ámsterdam, en octubre de este año, dentro de un programa de actividades con el grupo solidario Plataforma Cuba-Nederland, me motivó a reflexionar sobre la “libre” prostitución, los derechos de las mujeres, la gran hipocresía y la manipulación que se esconden en algunos discursos públicos sobre el tema.

Detrás de la imagen cómoda y conveniente a los modelos patriarcales impuestos desde siglos, a lo que se suma la publicidad eufemística para promoverlas como mercancía turística, se esconde también el tráfico de personas, de drogas, la violencia de género y diferentes formas de discriminación intersecsionalizadas: género, color de la piel, etnia, clase y estatus social, condición migratoria, entre otras.

Poco se reflexiona sobre las complejas problemáticas sociales y económicas que caracterizan a las víctimas de la prostitución y el tráfico: las personas más discriminadas y excluidas de la sociedad, que siguen siendo satanizadas, maltratadas y penalizadas en la mayoría de los países. Tampoco se debaten suficientemente las turbias intrigas de la política sobre este fructífero mercado, política que no cuestiona ni castiga a los dueños del negocio ni a sus clientes.

Se debería denunciar claramente que la prostitución y el tráfico de personas es una forma de esclavitud moderna y constituye uno de los negocios de más rápido crecimiento y enriquecimiento, después de las armas y de las drogas. Es también, una expresión de la ideología que defiende la economía del libre mercado, que genera más de 7000 millones de dólares anuales en riquezas y afecta a varios millones de víctimas en todo el mundo.

El oficio más antiguo del mundo no es la prostitución, sino el ejercicio del poder de quienes tienen recursos para comprar y subyugar sin límites a quienes no los tienen. El modelo patriarcal, transversalizado en todas las formaciones socioeconómicas basadas en la explotación de los seres humanos, privilegia al hombre que compra y genera el servicio sexual como mercancía.

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